UNIVERSIDAD DEL MIEDO

Una pareja joven arrienda un pequeño departamento porque juntos resulta más barato que vivir por separado y tienen un excedente de dinero invertido en equipar y adornar su nido de amor.

Luego de unos años de trabajo duro, compran la casa de sus sueños con espacio y privacidad para los niños. Se endeudan para 25 años con un pago mensual que se suma a las cuotas de los dos coches, tarjetas de crédito y la nueva línea de electrodomésticos que va a la par con la decoración de la nueva vivienda.

Sus ingresos ya no cubren sus egresos en los cuales no toman en cuenta los impuestos. En Ecuador el Estado se queda con el equivalente de los sueldos desde enero a abril y los intereses se llevan lo ganado de mayo a junio. Las desesperadas opciones son un aumento de sueldo, otro trabajo mejor remunerado o tener dos empleos.

Una casa implica muchos gastos, es un pasivo; si generara ingresos sería un activo. La clase media ecuatoriana pasa su vida comprando pasivos que creen que son activos.

Vamos a la universidad para tener conocimientos que nos permitan tener un buen empleo con un buen sueldo. El miedo al desempleo nos hace estudiar y cuando trabajamos el sueldo a cobrar lo gastamos en nuestros deseos que de a poco se transforman en la codicia de tener más que los demás.

Finalmente hipotecamos la casa para pagar todas nuestras deudas, pero mantenemos el hábito de consumir lo que no necesitamos y hacer caros viajes al extranjero que enrostramos a nuestros amigos en redes sociales.

La ola de desempleo que sufre Ecuador por achicamiento del obeso Estado, miles de migrantes desesperados, satanización y destrucción por 10 años de las empresas privadas, construcción paralizada por menesterosa plusvalía; tiene en incertidumbre a miles de ecuatorianos, entre ellos los que aún deben de sus caros posgrados que les garantizaban súper sueldos en el sector público.

La universidad ecuatoriana -en su mayoría-  durante el socialismo, enseñó cómo ganar sueldos, no cómo hacer dinero y menos generar riqueza. Un puesto gubernamental por elección o designación, fue el pasaporte para ser rico. Casas de lujo fueron portadas de revistas, ropa de diseñador, viajes por todo el mundo, arriaron a los jóvenes a correr tras títulos y posgrados que los harían tan ricos como los intelectuales revolucionarios, que jamás generaron un empleo que no sean mucamas para sus ostentosas casas y oficinas.

Todo lo hecho por el ser humano sigue su ciclo vital: nace, crece hasta la robustez, envejece y muere.

Quienes se hicieron ricos sin esfuerzo, al no tener hábitos productivos y llenar sus vidas de lujosos pasivos, la mayor parte volverán al estado económico original y serán leales al próximo líder que ofrezca los jugosos empleos estatales, meta inculcada a sus hijos, que, si tienen acceso a  inteligencia emocional y educación financiera, entenderán que vivir de un sueldo en el sector público, no compensa perder la libertad de emprender, matar la  creatividad, ver pasar las oportunidades y vivir con la tentación de corromperse e ir a  la cárcel./ Guido Calderón