Guido Calderón

El cacao sudamericano: de Ecuador, Colombia, Perú y Venezuela; se ha consolidado como un referente global en calidad, trazabilidad y sostenibilidad. A diferencia del cacao africano, que enfrenta desafíos éticos y ambientales, el cacao sudamericano destaca por sus variedades nativas y finas de aroma, altamente valoradas en la industria del chocolate gourmet.

Este contexto ofrece una oportunidad única para que los países de la región refuercen su posición en el mercado internacional, siempre que se enfoquen en estrategias y valores comunes.

Superioridad del cacao sudamericano frente al africano
El cacao sudamericano se distingue por su perfil aromático complejo y su producción ética y sostenible. Mientras que África, productor mundial del 70% de cacao, enfrenta problemas como la explotación infantil, la deforestación y la violencia sistemática.

Sudamérica ha logrado posicionarse como una alternativa responsable. Ecuador, por ejemplo, es reconocido por su cacao fino de aroma, que representa aproximadamente el 60 % de la oferta global. Sin embargo, la región no se limita a Ecuador, Colombia y Perú han avanzado significativamente en la promoción de sus cacaos finos y chocolates de alta calidad.

La inminente caída de precios
El aumento excesivo y absurdo de los precios del cacao en el último año, ha impulsado la expansión de plantaciones en toda la franja de los paralelos 20/20, lo que generará una sobreoferta en el mercado en poco tiempo, ya que hay variedades que dan fruto a los 18 meses.

Este fenómeno, históricamente cíclico en la industria, afectará a los pequeños productores sudamericanos si no se preparan. La clave para resistir esta eventual caída de precios radica en la diversificación y la transformación del cacao en productos de mayor valor agregado, como chocolates de origen y subproductos gourmet, sea polvo, manteca o pastas.

Desafío del cacao ecuatoriano y el crecimiento de sus vecinos
Ecuador enfrenta una crisis de identidad cacaotera debido a la proliferación del CCN-51, un híbrido de alto rendimiento pero de menor calidad sensorial. Colombia también está pecando con esta variedad, mientras que en Venezuela se la rechaza con firmeza. Si bien este híbrido permite aumentar la productividad, desplaza a las variedades ancestrales que otorgaron prestigio y renombre al cacao ecuatoriano. Mientras tanto, Colombia y Perú invierten en trazabilidad, certificaciones y promoción de sus cacaos finos, ganan terreno en el mercado premium. Incluso Perú nos gana la batalla mediática sobre quién es el origen del cacao.

Transformación y la diversificación
Para resistir la próxima caída de precios, los productores deben enfocarse en la transformación del cacao en productos de mayor valor agregado. Ecuador, por ejemplo, exporta gran parte de su cacao en grano, perdiendo la oportunidad de captar mayores márgenes de ganancia. La producción de chocolate de origen, con denominación de origen y altos estándares de calidad, es esencial para competir en el mercado global que no para de crecer y de exigir calidad y trazabilidad. Además, la diversificación hacia subproductos como manteca, licor y polvo de cacao va a fortalecer la cadena de valor.

El turismo cacaotero como oportunidad de crecimiento
El turismo agrario y gastronómico vinculado al cacao representa una oportunidad significativa para la región. Muchas fincas cacaoteras se convierten en destinos turísticos exóticos, donde los visitantes experimenten el proceso completo, desde la siembra hasta la elaboración del chocolate y disfrutan de hoteles temáticos.

Este enfoque genera ingresos adicionales, promueve la conservación de las variedades ancestrales y fortalece la identidad cacaotera de cada país. Ecuador, con su rica tradición cacaotera, tiene el potencial de convertirse en un destino líder para los amantes del chocolate.

¿Un futuro prometedor?
El futuro del cacao ecuatoriano, depende de su capacidad para adaptarse a los cambios del mercado y no depender exclusivamente de la exportación de materia prima. La conservación de cepas ancestrales, la inversión en nuevas marcas de chocolates con historias que contar y el desarrollo del turismo cacaotero, son estrategias necesarias para mantener la competitividad.

Si Ecuador, Colombia, Perú y Venezuela logran implementar estas medidas de manera coordinada, podrán resistir la eventual caída de precios y también consolidarse como líderes globales en la producción de cacao y chocolate de alta calidad, de cepas únicas, de trazabilidad comprobada, de protección de bosques, de apoyo a comunidades campesinas e indígenas.

El futuro del chocolate sudamericano puede ser brillante, pero requiere unión y colaboración en vez de lo que existe hoy: una patria grande que solo sirve para los discursos de la izquierda.

Este contenido ha sido publicado originalmente por EL COMERCIO.

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