Por Guido Calderón
Las marcas industriales se han apresurado en incrementar sus precios aduciendo la disparatada subida de precios de la pepa de cacao, pepa que mayoritariamente la súper industria no utiliza, realmente lo que le afecta es la subida del azúcar; pero es una gran oportunidad para exprimirle al consumidor del chocolate masivo y hiper procesado.
Pero también es un buen momento para aclarar algo de la opacidad de la industria chocolatera.
1. No paga precios justos a los agricultores, que viven bajo la línea de pobreza.
2. Sus proveedores usan practicas agrícolas intensivas y dañan irreparablemente ecosistemas locales.
3. Compran cacao que proviene de la deforestación de bosques y amenazan aún más la biodiversidad.
4. El uso intensivo de agroquímicos empobrece a las familias y envenena los suelos.
5. Se ha documentado trabajo infantil y condiciones laborales terribles en África, principal productor mundial.
6. La mayoría menciona a la manteca de cacao en sus etiquetas, pero no dice el porcentaje que es ínfimo, y la reemplazan por grasas hidrogenadas muy perjudiciales para la salud.
7. Tienen exceso de azúcar y aditivos artificiales que aumentan la diabetes, obesidad y enfermedades cardiovasculares.
8. Su uso de grandes envolturas de papel y que sus cajas de chocolate viajan miles de kilómetros, contribuyen a la deforestación y al calentamiento global.
Ni el gobierno norteamericano, ni la Unión Europea incluye en su verde agenda 2030, el frenar los abusos de las súper industrias de los súper procesados chocolates y menos, incomodar a tanta gente “adicta” al chocolate, sí adicta, ya que su consumo crea adicción gracias a la teobromina, un alcaloide del cacao primo de la cocaína, que nos genera la sensación de felicidad. Algo que se oculta deliberadamente. Abandonar el chocolate genera síndrome de abstinencia, igual que cualquier otra droga.
En cuanto a la chocolatería artesanal, la misma en Europa ha perdido el rumbo. De hecho en las estadísticas, se menciona que solo 2 de cada 10 chocolateros han visto en su vida una pepa de cacao. Abundan video de “artesanos” del chocolate que combinan chocolates industriales y los artesanalizan en sus creaciones, especialmente bombones. En el mundo virtual son pocos los video de chocolate hecho desde la pepa. La mayoría de los “Chocolatiers” representan y promueven en uso de chocolates de las grandes fábricas.
Los llamados a consumir chocolate artesanal se pierden en los pasillos de los supermercados repletos de chocolates industriales a precios muy bajos, a pesar que han viajado miles de kilómetros para llegar a las grandes tiendas.
El cacao orgánico tiene poco espacio en un mundo donde prima el sabor, el brillo, la sedosidad y a pocos les importa el campesino que cultivo el cacao.
También la carrera por abarrotarse de tabletas de los confines de la tierra, se mantiene y crece. Chocolates de Madagascar o Costa Rica, han recorrido miles de kilómetros y contaminado la atmósfera con toneladas de humo negro de combustible fósil, hasta llegar al supermercado europeo y dar variedad al goloso que exige nuevas experiencias.
Nadie recuerda el episodio en 1519 cuando Hernán Cortés, escribió al Rey Carlos V destacando la energía que proporcionaba “una taza de chocolate para que un soldado marchara todo un día”, descubriendo esta delicia como un energizante y no como la bomba calórica que hoy es.


