Guido Calderón
Ecuador enfrenta una crisis de seguridad que destruye su paz y su imagen ante el mundo. Un sistema judicial enfermo ha permitido que los abogados de los delincuentes encuentren resquicios legales para evadir la justicia y reincidir con impunidad. La llegada de criminales deportados desde Estados Unidos y la facilidad con la que delincuentes extranjeros encuentran refugio en el país aumentará aún más la violencia, afectando la economía y el turismo, un pilar del desarrollo nacional que parece haber sido relegado al olvido.
Las garantías constitucionales, manipuladas por redes criminales y abogados corruptos, prolongan juicios, archivan casos y permiten que delincuentes peligrosos recuperen su libertad en cuestión de semanas. La corrupción en el sistema judicial, donde la confabulación entre jueces y delincuentes facilita sentencias favorables para criminales de alto riesgo, ha deteriorado la confianza en las instituciones y sembrado un sentimiento de impunidad en la sociedad.
Con la creciente deportación de criminales desde Estados Unidos, Ecuador se enfrenta a una nueva ola de delincuentes que encuentran en el país un refugio ideal. La falta de control en las fronteras y la facilidad para obtener documentos de identidad han convertido a Ecuador en un destino atractivo para quienes buscan evadir la justicia en sus países de origen. Esta realidad ha golpeado directamente al turismo. Ecuador, con su extraordinaria diversidad natural y cultural, debería ser un imán para visitantes de todo el mundo, pero la inseguridad ha oscurecido su potencial. Titulares internacionales resaltan la violencia y la corrupción, alejando a los turistas que buscan experiencias enriquecedoras en entornos seguros.
El impacto es evidente: hoteles, restaurantes y operadores turísticos han visto una caída en sus ingresos, afectando comunidades enteras que dependen del turismo. Esto ha generado un círculo vicioso: a menor turismo, menos empleo; a menor empleo, mayor delincuencia; y a mayor delincuencia, menor turismo. Mientras tanto, la polarización política ha impedido la implementación de reformas urgentes en seguridad y justicia, pues las disputas partidistas no permiten combatir la delincuencia.
Sin embargo, Ecuador aún tiene la oportunidad de cambiar su rumbo. Si se depuran las instituciones judiciales y se implementan medidas efectivas contra la impunidad, el país podrá recuperar la seguridad y atraer nuevamente a los turistas. La estabilidad es clave para proyectar a Ecuador como un destino seguro y próspero. Nuestra nación tiene todo para convertirse en una potencia turística y un referente en la región, pero sin seguridad, sus riquezas seguirán perdiendo valor ante los ojos del mundo. Es hora de actuar con determinación y defender aquello que hace grande a Ecuador.
Este contenido ha sido publicado originalmente por EL COMERCIO.
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