Guido Calderón

El turismo en Ecuador es como una joya enterrada en el lodo de nuestra propia indiferencia. Un país bendecido, con paisajes de ensueño, con una biodiversidad que asombra al mundo, pero condenado a la sombra de un espectáculo mediático donde la sangre vende más que la belleza.

Todos nos movemos, viajamos, filmamos y editamos buscando experiencias a ser compartidas, pero ya no con nuestros seres queridos, sino con el público anónimo de redes sociales. La meta no es el recuerdo ni la vivencia, sino la aprobación virtual y en esta búsqueda de relevancia, hemos dejado de lado lo que realmente importa: Ecuador tiene paisajes que podrían llenar millones de pantallas con su esplendor, pero en lugar de eso, el contenido que predomina es tóxico, morboso y destructivo.

Los noticieros no informan: venden angustia. Los creadores de contenido no inspiran: explotan la miseria ajena. Y los medios tradicionales, lejos de equilibrar la balanza, han dejado que el turismo se reduzca a una mención esporádica y superficial. ¿Dónde están los guías, los empresarios y demás protagonistas del sector? Invisibles. Invisibilizados. Sepultados bajo la avalancha de crónica roja y farándula barata.

Somos los mismos ecuatorianos quienes, día tras día, con cada publicación, con cada mala noticia repetida hasta el cansancio, destruimos la imagen de nuestro país. Hemos domesticado nuestros ojos para buscar el horror antes que la belleza, el sicariato antes que el paisaje, la extorsión antes que la cultura.

Y lo pagamos caro: mientras Colombia y Perú, con más violencia que nosotros, han sabido posicionarse como destinos turísticos, Ecuador sigue hundiéndose en su propia narrativa de desesperanza.

Si todo lo que se publica en Ecuador en un solo día fuese un metro cuadrado, el turismo apenas ocuparía un centímetro. Con un apoyo tan miserable, no es sorpresa que la industria se desplome.

Hemos transformado nuestro país en un escenario de sufrimientos interminables, inundamos las redes con video basura, narco noticias, titulares judicializados y paisajes manchados de sangre. Cada publicación negativa refuerza una imagen que no representa la esencia del Ecuador.

El turismo necesita más que nunca el compromiso de cada ecuatoriano. Difundir nuestras maravillas naturales, nuestra cultura vibrante y la calidez de nuestra gente es una responsabilidad compartida. Con creatividad e ingenio, podemos capturar la atención de viajeros de todo el mundo y mostrarles el Ecuador turístico. Hagamos que nuestra creatividad impulse el turismo, en lugar de ahogarlo.

Este contenido ha sido publicado originalmente por EL COMERCIO.

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