Hace 10 años Colombia importaba cacao ecuatoriano, hoy lo exporta y el Cacao Fino de Aroma -exclusivo de Ecuador-, hoy se cultiva en todos los pisos climáticos colombianos, generando nuevas variedades con sabores y aromas, recién por descubrirse en el mercado mundial.

El cacao ha sido el único cultivo que está desplazando a la planta de coca, materia prima en cuyo alrededor coexisten infinidad de bandas violentas involucradas en la recolección de la hoja y el procesamiento de la pasta y la cocaína: todo un ecosistema de violencia que desaparece en cuanto la planta de cacao reemplaza la de coca. Es el cultivo, el aroma y el sabor de la paz.

Las agencias antidrogas norteamericanas ya no apoyan con instructores militares, sino con capacitadores en la siembra del cacao. Para el 2024 el departamento antidrogas de Estado Unidos donará 25 millones de dólares para capacitar a los cacaocultores colombianos, lo explica el altísimo desarrollo del cacao y de su infinidad de chocolate, que ya están ganado premios y abriéndose mercado y reputación en Europa.

Lo único que por ahora detiene esta invasión chocolatera colombiana al resto del mundo, es el gobierno socialista del Presidente Petro, que da luz verde a las guerrillas armadas vinculadas al narcotráfico, que no quieren perder sus sembríos de coca ni a la gente que viven en ellos.

Aun así, el sucedáneo de chocolate que más se vende hoy en Ecuador, es el colombiano. Sí, le están vendiendo hielo a los esquimales. Venden chocolate falso a los más grandes exportadores de cacao fino de aroma del mundo, título que lo perderemos en pocos años frente a la arremetida colombiana.

Un 60% de los chocolateros del mundo no trabajan con cacao, sino con chocolates preelaborados, y un 90 % de los cacaoteros del mundo, no tienen líneas exitosas de chocolates en el mercado.

En Ecuador, a pesar que ambos mundos: el del cacao y del chocolate son complementarios, en la práctica, hay un divorcio, reforzado por las agencias europeas que financian capacitaciones a los cacaocultores para que cumplan las normativas europeas de trazabilidad y no deforestación, y puedan seguir enviando buen cacao para sus industrias; pero no les capacitan en la elaboración de chocolates. No les conviene. Es mejor que sigamos siendo primarios.

Publicado originalmente en El Comercio.

Guido Calderon

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