La meritocracia que han implementado los gobiernos izquierdistas, ubicando en puestos de poder a quienes supuestamente han sido los mejores profesionales, ha terminado en este modelo político repleto de corrupción, violencia armada generalizada, una burocracia devastadora que derrocha nuestros impuestos, resultados económicos fatales condensados en la frase “no hay plata” y un éxodo de los ecuatorianos al norte o a Europa.

Pero la meritocracia nunca se aplica para ingresar a las universidades, donde cualquier vago, tonto o inmoral, tiene la misma posibilidad de obtener un titulo universitario que jovenes estudiosos, que se esfuerzan, aprenden y se sacrifican. De hecho, ya en la vida “profesional” los inmorales tendrá más oportunidades, precisamente por su falta de ética, que es el primer requisito para concursar y ser un burócrata con mucho poder.

Vagos que debían desempeñar oficios físicos, porque no tenían los méritos para que el Estado les regale una carrera universitaria, son los primeros en fungir representantes populares, autoridades nacionales, jueces que liberan a asesinos, fiscales que solapan a narcos, periodistas que protegen a delincuentes.

La meritocracia es válida para usar el título universitario como ganzúa para asaltar el estado, infectar municipios, estafar a ciudadanos, fungir de expertos en engaño, peritos en inmoralidad y creadores crónicos de impuestos.

Este modelo ecuatoriano aparentemente no da más, pero …. si da y los políticos lo saben.  Porque tenemos una población prisionera que paga y paga más impuestos sin protestar y el sistema se ajusta para ubicar al evasor y obligarlo a pagar en nombre de la justicia social, es decir, para mantener a aquellos que no tienen méritos, no trabajan, no estudian, no se esfuerzan.

Milei en Argentina y Noboa en Ecuador, prácticamente han empezado al mismo tiempo sus gobiernos. Pero hay un abismo en cómo Milei está conduciendo a la Argentina a ser un país de libertad y progreso, eliminando burocracia, leyes e impuestos ladrones; en tanto aquí, Noboa deja intocado todo el andamiaje estatal extorsionador que convierte nuestros impuestos en beneficios interminables para una burocracia que no le importa el Ecuador y mantener a políticos que hunden al país.

Hacer lo mismo y esperar resultados diferentes, es lo que Einstein definía como locura.

Publicado originalmente en El Comercio.

Guido Calderon

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