Guido Calderón

El 18 de mayo de 2025 marcó un punto de quiebre en la historia política portuguesa. Por primera vez en medio siglo, la izquierda fue desplazada del poder por una derecha fortalecida y legitimada en las urnas. La victoria de la Alianza Democrática (AD), una coalición de centro-derecha liderada por el PSD y con el ascenso del partido CHEGA, simboliza el hartazgo de una ciudadanía golpeada por impuestos, emigración forzada y una élite política desconectada de la realidad.

Desde la Revolución de los Claveles en 1974, Portugal vivió bajo la hegemonía de partidos socialistas y socialdemócratas, que consolidaron un modelo de Estado asistencialista, altísimos impuestos y creciente burocracia. Durante los últimos años, la coalición de izquierdas liderada por el Partido Socialista (PS) profundizó esa fórmula: aumentó la presión fiscal, expandió subsidios y descuidó la productividad. El resultado ha sido una fuga masiva de jóvenes talentos: 20% de los portugueses entre 20 y 40 años emigraron en la última década.

El electorado respondió con contundencia. La AD obtuvo el 38% de los votos y 102 escaños en el Parlamento. El Partido Socialista, reducido a 75 diputados, sufrió su peor resultado desde 1974. La izquierda radical, que integró el gobierno anterior, también fue castigada. Mientras tanto, CHEGA, usualmente atacado por una prensa dorada, se consolidó como una fuerza decisiva, mostrando que los discursos “incómodos” para la élite son, en realidad, eco de preocupaciones legítimas.

Este giro político ha generado un coro de miedos y advertencias en Europa. Medios como Le Monde y Der Spiegel alertan sobre “autoritarismo” y “discurso de odio”, ignorando décadas de intolerancia fiscal y control ideológico izquierdista. La UE teme ahora un Portugal más soberano, menos sumiso a Bruselas y dispuesto a revisar sus anticulturales políticas migratorias y climáticas.

Pero este no es un giro hacia el extremismo, como califica la prensa. Es un voto castigo a un sistema cerrado, que durante cinco décadas confundió hegemonía con legitimidad. La derecha portuguesa, con todos sus matices y contradicciones, encarna el deseo de cambio de millones de portugueses que ya no toleran el desprecio tecnocrático ni las recetas ideológicas fracasadas.

Portugal ha dicho basta y la Europa woke está en pánico.

Este contenido ha sido publicado originalmente por EL COMERCIO.

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