A través de colaboraciones con ilustradores, muralistas y diseñadores, objetos cotidianos como los encendedores se están transformando en piezas de autor accesibles y coleccionables. Ronson, marca con 130 años de trayectoria, ha desarrollado en Chile una plataforma que busca llevar el arte desde las galerías hasta el bolsillo de miles de personas y que le ha brindado un espacio a artistas relevantes de la escena nacional como HardNiko, Petrutzi, Dag Draw, Efnart, Vicho Palomer, Llamazales, Konidub, Godersi, Tomitjans y Muralas, entre otros.
Esta temporada, Ronson trabaja con Don Seba, nombre artístico de Sebastián Herrera, muralista, ilustrador y diseñador que cuenta con un portafolio de colaboraciones con reconocidas marcas.
Un objeto cotidiano que cabe en un bolsillo puede transformarse en una pieza de arte. Esa es la tendencia detrás de las colaboraciones entre marcas y artistas que han convertido productos de uso diario en soportes para la ilustración, el diseño y la expresión visual, abriendo también nuevas posibilidades para que creadores locales acerquen su trabajo a públicos masivos.
En Chile, uno de los ejemplos de esta tendencia es el desarrollado por Ronson, marca con 130 años de trayectoria y reconocida por sus estándares de seguridad, que desde hace ocho años interviene sus encendedores a través de colaboraciones con artistas y creadores nacionales.
“La iniciativa nació cuando en Ronson identificamos una oportunidad que nadie estaba mirando: el encendedor es uno de los objetos más democráticos que existen, está en el bolsillo de casi todos los chilenos, cruza clases sociales, edades y oficios, pero nadie lo estaba tratando como un lienzo”, explica Constanza Lewin, Gerenta de Marketing de ENKO, empresa chilena, dueña de la marca Ronson en Latinoamérica.
La idea, asegura, fue “simple y ambiciosa a la vez”: tomar un objeto cotidiano, casi invisible por lo común, y convertirlo en una plataforma de expresión artística accesible.
“Desde el inicio tuvimos claro que no queríamos hacer merchandising con arte pegado encima, sino que cada colaboración fuera una pieza de autor, coleccionable, que la persona eligiera llevar en el bolsillo tanto por su función como por lo que representa. Detrás hay una lectura de marca: Ronson lleva 130 años habilitando el momento donde algo importante comienza, y el arte es exactamente eso: un fuego distinto, el de la creatividad”, agrega.
Una colección con firma propia
Actualmente, Ronson realiza cuatro colaboraciones al año con artistas y creadores chilenos. El ritmo, explica Lewin, está pensado para que cada lanzamiento tenga el tiempo de conversación y expectativa que una pieza coleccionable necesita, en lugar de diluir el interés con demasiadas salidas.
Por la iniciativa han pasado nombres relevantes de la escena nacional como HardNiko, Petrutzi, Dag Draw, Efnart, Vicho Palomer, Llamazales, Konidub, Godersi, Tomitjans y Muralas, entre otros.
Cada uno aporta un lenguaje visual propio, desde el trazo urbano y el muralismo hasta la ilustración más gráfica y el diseño de personajes.
“No buscamos un estilo único de ‘colección Ronson’, buscamos que cada colaboración se sienta genuinamente del artista que la firma”, sostiene la profesional.
Esta temporada, la marca trabaja con Don Seba (@donseba_), reconocido muralista, ilustrador y diseñador, distinguido por su estilo alegre y colorido.
“Es exactamente el tipo de trayectoria que buscamos: un artista validado por marcas grandes, con lenguaje propio y una comunidad que sigue su trabajo”, comenta Constanza Lewin.
Para el artista, trasladar su propuesta visual a un encendedor significó enfrentar un desafío creativo completamente distinto al de trabajar en un muro o una superficie de mayor tamaño.
“Fue un desafío técnico antes que nada: cuando trabajas en un lienzo tan pequeño, tienes que reducir la cantidad de información al máximo. Si el diseño es muy denso, de lejos se ve como una mancha, no se entiende nada. Así que hay que dosificar: elegir bien qué es lo esencial del trazo para que el diseño se lea, aunque sea a la distancia”, explica Don Seba.
Pero el reducido formato también abrió una nueva manera de relacionarse con las personas.
“Y a la vez fue muy bacán, porque el encendedor es un objeto súper cotidiano, casi de uso personal. Me di cuenta de que cuando tiene el diseño de un artista, la gente lo cuida distinto: deja de ser un objeto genérico y se convierte en una pequeña obra de arte de bolsillo. La gente le toma cariño. Hasta hoy me siguen etiquetando en redes diciéndome que están coleccionando mi encendedor, y eso es muy bonito: es literalmente llevar un poco de arte contigo a todos lados”, señala.
El fenómeno de coleccionar arte cotidiano
Para que una colaboración se transforme en una pieza coleccionable, en Ronson evalúan tres factores. El primero es que el artista esté en tendencia y que su trabajo circule activamente en la conversación cultural, en lugar de ser una apuesta especulativa.
El segundo es que tenga un recorrido real de trabajos en diferentes marcas, validando que su propuesta funciona también fuera del circuito puramente artístico. Y el tercero es que cuente con una red propia para mostrar su trabajo, ya sea a través de una comunidad en redes sociales, muros o exposiciones.
“La colaboración circula en ambos sentidos: el artista le da un lenguaje distinto a Ronson, y Ronson le da una vitrina masiva a un público que ese artista muchas veces no había alcanzado antes”, explica Constanza Lewin.
Según la experta, el comportamiento de los consumidores confirma esta lógica. “No compran un encendedor más, buscan reunir la colección completa, preguntan cuándo sale la próxima colaboración y ya existe una comunidad que sigue de cerca los lanzamientos. Es un comportamiento de coleccionista clásico aplicado a un objeto de precio muy accesible: la lógica de edición limitada y drop cultural, pero sin la barrera de entrada económica del arte tradicional”, agrega.
Desde la mirada del artista, esa cercanía también cambia radicalmente la relación entre una obra y el público.
“Tiene que ver con lo mismo: el arte se acerca mucho más a la gente cuando deja de estar solo en una galería. Comprar un encendedor es algo tan cotidiano, para la cocina, para el bolsillo, que el diseño llega a lugares donde normalmente mi trabajo no llegaría: lo he visto en tabaquerías, en tiendas grandes, en almacenes chicos. Esa distribución hace que mucha más gente te conozca”, explica Sebastián Herrera.
Del muro y la galería al bolsillo
El fenómeno también plantea una alternativa al circuito tradicional del arte. Mientras una exposición puede llegar a algunos cientos de personas, un objeto coleccionable distribuido de manera masiva puede acercar el trabajo de un artista a miles de personas que probablemente nunca habrían visitado una galería ni seguido previamente su cuenta en redes sociales.
“Para los artistas chilenos esto abre una puerta que las galerías tradicionales no ofrecen: escala y accesibilidad. Una exposición llega a algunos cientos de personas; un encendedor coleccionable, distribuido en supermercados, almacenes y comercio especializado a lo largo de todo Chile, pone su obra literalmente en el bolsillo de miles de personas que probablemente nunca habrían pisado una galería ni seguido su cuenta antes”, afirma Constanza Lewin.
Para la ejecutiva, se trata de una forma de acercar el arte que no requiere que las personas busquen deliberadamente una experiencia artística.
“Es arte que no pide permiso para llegar: no depende de que alguien decida ir a verlo, va con la persona a todos lados”, agrega.
Don Seba ha podido comprobar personalmente ese alcance. Según relata, prácticamente todas las semanas recibe mensajes y fotografías de personas que le cuentan que están reuniendo sus diseños.
“Prácticamente todas las semanas me escribe gente, me manda fotos, me dice que está coleccionando los encendedores. Ahí se genera una conversación que va más allá del producto, porque si el encendedor no tuviera el diseño de un artista, el mío o el de cualquiera de los otros que hemos participado, pasaría totalmente desapercibido”, señala.
“Con el diseño, la gente se detiene, aprecia el arte, y eso cambia por completo la percepción de un objeto tan simple. Para mí esa es la parte más increíble de todo esto”, concluye.
La iniciativa también tiene una dimensión regional. Ronson opera bajo gestión chilena en 14 países de Latinoamérica, con presencia comercial activa en mercados como Perú, entre otros.
“Esa infraestructura ya existe, y eso significa que una colaboración con un artista chileno tiene, en los hechos, la posibilidad concreta de cruzar la frontera y llegar a públicos de otros países de la región. Es una oportunidad que seguimos desarrollando y que nos entusiasma, porque pocas marcas pueden ofrecerle a un artista local ese tipo de alcance internacional real, no sólo simbólico”, finaliza la experta.
Fuente: LRM Comunicaciones