Orgullosa de su pasado, la ciudad portuguesa también mira con alegría al futuro.
En el norte de Portugal, a unos 55 kilómetros de Oporto y 25 kilómetros de Braga, Guimarães se empeña en recordarnos, con un magnífico centro histórico que ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, que es la cuna de Portugal. Y es que, aunque algunos historiadores no están de acuerdo con ese dato, fue en las habitaciones del castillo que aún domina la urbe donde vino al mundo, en el 1109, Afonso Henriques, quien acabaría convirtiéndose en Alfonso I, primer rey de Portugal.
Nuestros vecinos ibéricos apoyan unánimemente esa versión, pues así lo hacen constar en la placa que encontramos nada más acercarnos a la parte más antigua de la urbe. En ella reza: ‘Aqui nasceu Portugal’ (‘Aquí nació Portugal’).
Recorremos la ciudad y sus alrededores para explorar sus antiguos monumentos, pero también para conocer la Guimarães actual, con su vibrante cultura, su deliciosa gastronomía, sus tesoros naturales y ese ritmo de vida contemporáneo que caracteriza a un lugar que brilla más allá de sus vetustas e históricas murallas.
El alma de Portugal
El punto de inicio de cualquier visita a Guimarães que se precie suele ser su castillo medieval. Domina la ciudad y, al llegar a él, nos sentimos transportados a tiempos antiguos, cuando el Condado Portucalense era solo una pequeña entidad feudal luchando por hacerse un hueco en la península ibérica.
La fortaleza, con sus robustas murallas y su imponente torre del homenaje, es uno de los lugares más emblemáticos de Portugal. Al caminar por los patios y los muros de piedra, no podemos evitar imaginar las luchas medievales que forjaron la nación. Su interior se halla un poco desangelado, todo lo contrario de lo que ocurre con el opulento palacio de los Duques de Braganza, que se encuentra a menos de 200 metros del castillo.
El palacio es un edificio monumental que parece sacado de un cuento de hadas medieval. Aunque su construcción es más reciente –data del siglo XV–, refleja el poder de una de las familias más influyentes de Portugal.
Al pasear por su interior, podremos admirar grandes salones y estancias adornadas con colecciones de tapices, muebles antiguos y obras de arte que nos hablan del lujo y refinamiento de una época pasada. Desde sus grandes ventanales, las vistas a la ciudad son simplemente impresionantes.
El magnífico complejo también sirvió como residencia al dictador portugués António de Oliveria Salazar, quien gobernó con puño de hierro el país durante las décadas centrales del pasado siglo. Ese poso dictatorial aún permanece en la memoria y el espíritu de la gente local que, aunque saben apreciar la majestuosidad del palacio, aún lo miran con cierto resquemor al pasar junto a él.
Algo más abajo, en el corazón de Guimarães, nos encontramos con Largo da Oliveira, una bella y animada plaza que debe su nombre a un olivo centenario que fue plantado en ella. Allí se asoman edificios históricos, como la iglesia de Nuestra Señora de Oliveira, el primer monumento gótico erigido en la región del Miño, o el antiguo Palacio del Concejo.
Al caer la tarde, en la plaza aparecen las animadas conversaciones en las mesas de los cafés y restaurantes que invitan a una pausa.
Pero una visita al Guimarães histórico no estaría completa sin entrar a la iglesia de São Miguel do Castelo. Levantada en piedra, austera y simple, posee, sin embargo, una importancia simbólica inmensa, ya que se dice que fue aquí donde fue bautizado Afonso Henriques. El aura mística que rodea este lugar es palpable, y mientras estamos allí, sentimos la conexión profunda entre la historia y la espiritualidad que aún pervive en la ciudad.
Cultura y vida cotidiana
A pesar de su importancia histórica, Guimarães no es un simple museo al aire libre, es una ciudad viva, vibrante, que sabe combinar su legado patrimonial con la modernidad. En las calles empedradas de su centro histórico, nos cruzamos con lugareños que llevan su vida diaria con naturalidad.
El comercio local sigue floreciendo en forma de pequeñas tiendas que muestran en sus escaparates productos tradicionales, desde cerámicas hasta textiles hechos a mano.
En los últimos años, Guimarães ha experimentado una revitalización cultural que culminó en 2012, cuando fue Capital Europea de la Cultura. Desde entonces, la ciudad ha abrazado el arte y la innovación y, hoy en día, alberga festivales, exposiciones y eventos que atraen tanto a locales como a visitantes extranjeros.
Un buen ejemplo de esta fusión entre el pasado y el presente es la Plataforma das Artes e da Criatividade, un espacio moderno dedicado a la creatividad, donde podemos admirar exposiciones de arte contemporáneo, asistir a eventos y explorar la ecléctica escena cultural que sigue evolucionando.
Otro lugar destacable es el Centro Internacional de las Artes José de Guimarães, donde se exhiben colecciones de arte africano, asiático y contemporáneo.
Es fascinante ver cómo la ciudad, aunque firmemente arraigada en su historia, está abierta a otras culturas y formas de expresión artística, lo que la convierte en un punto de encuentro entre lo local y lo global.
Sabores de Guimarães
Recorrer Guimarães también es un deleite para los sentidos, especialmente para el paladar. La gastronomía local está profundamente arraigada en la tradición, pero también sabe sorprender con toques de modernidad.
No podemos visitar la ciudad sin probar algunos de los platos más típicos de la región. Entre ellos, destaca el ‘bacalhau à moda de Guimarães’, un plato que reinventa el omnipresente bacalao portugués, cocinándolo con cebollas, patatas y aceitunas, y gratinado en el horno. Un manjar simple, pero reconfortante.
Otro plato que merece la pena saborear es el arroz de cabidela, un plato de arroz cocido en sangre de pollo o conejo, con un sabor intenso y especiado, que puede sorprender a los paladares más aventureros. Lo acompañamos con un buen vino verde, un caldo joven y fresco típico de la región, que complementa a la perfección los sabores de la cocina local.
Después de una comida deliciosa, el postre es imprescindible. En Guimarães, nos encontramos con una gran variedad de dulces conventuales, muchos de ellos con siglos de historia. Nos deleitamos con las tortas de Guimarães, unos dulces rellenos de calabaza confitada y almendras, envueltos en una fina masa que se deshace en la boca.
Unos buenos restaurantes para probar estas delicias son Casa Amarela, con su famoso arroz de pato, y la Taberna Trovador, uno de los lugares con más solera en la ciudad.
Naturaleza y otros lugares por descubrir
Aunque Guimarães tiene mucho que ofrecer, también es un excelente punto de partida para explorar los alrededores.
Uno de los destinos más populares es el Monte da Penha, que se alza majestuosamente sobre la ciudad. Podemos subir en teleférico, disfrutando de vistas panorámicas a medida que ascendemos. Una vez en la cima, nos encontramos con un santuario y numerosas rutas de senderismo que nos invitan a explorar la naturaleza en todo su esplendor. Desde aquí, las vistas sobre Guimarães y sus alrededores son simplemente espectaculares, especialmente al atardecer.
Un poco más lejos, a unos 15 kilómetros, encontramos Citânia de Briteiros, un vetusto asentamiento celta que data de la Edad del Hierro. Al caminar entre sus ruinas podremos imaginar cómo vivían los antiguos habitantes de la región, mucho antes de la llegada de los romanos.



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