Aquí se dialoga con los árboles, se convive con los arroyos y, lo que es más importante, se ha sabido levantar pueblos sin invadir ni profanar la naturaleza.
Si pensamos en pueblos de Cantabria no podemos evitar visualizar sus paisajes verdes, únicos donde los haya, el azul del mar Cantábrico, que deja embelesado a cualquiera, además de todas sus construcciones tradicionales capaces de transportarnos en el tiempo. Si buscas una escapada en la naturaleza, ya sea playa o montaña, estos pueblos de Cantabria te robarán el corazón (como nos lo han robado a nosotros).

Comillas, el delirio arquitectónico
El gran arquitecto Antoni Gaudí dejó su huella en esta localidad en lo que es hoy en día uno de sus edificios más emblemáticos: el Capricho de Gaudí. Esta casona, que se terminó de construir en 1885, es el ejemplo más destacado de arquitectura modernista de Comillas, pero no el único. El pueblo está plagado de edificios de este estilo, como la Universidad Pontificia de Comillas. La razón es que era uno de los principales destinos turísticos para la aristocracia del país.
Este destino costero se encuentra a tan solo 50 kilómetros de Santander, rodeado de naturaleza, verde, acantilados y su playa, de arena dorada fina, que cada año atrae a innumerables visitantes.

Santillana del Mar, callejuelas de antaño y sabor cántabro
Se la conoce como la “villa de las tres mentiras” porque no es santa, ni llana, ni tiene mar. Pero, aun así, la adoramos profundamente. Sus callejuelas están repletas de arquitectura de la época medieval y posteriores, cuando los nobles comenzaron a construir sus palacetes tras haber sido nombrada Villa por Alfonso VIII. Destacan la Colegiata de Santa Juliana, de estilo románico y que alberga las religas de Santa Juliana, el El Palacio de Velarde, renacentista, y la Torre de Don Borja, que alberga en su interior la Fundación Santillana, que organiza exposiciones y está muy ligada a la Educación.
Además, cerca de Santillana del Mar se encuentran las famosas Cuevas de Altamira, donde se pueden contemplar unas pinturas rupestres de una antigüedad de 14.000 años.

Potes, el avituallamiento pre-Picos de Europa
Es probable que los amantes de la naturaleza y los deportes de montaña hayan acudido a Potes más de una vez, que es conocida por encontrarse en el corazón de los Picos de Europa. Pero es mucho más. Sus calles están delimitadas por los ríos Deva y Quiviesa, que imponen su cauce en el entramado urbanístico, y los paseos por ellas conducen hasta lugares emblemáticos como la Torre del Infantado, la Iglesia de San Vicente o el Puente de San Cayetano, de origen medieval.
Puedes ir a su Fiesta del Orujo, a principios de noviembre, o a recorrer sus diferentes rutas, que las tienen de todos los niveles y kilómetros. Tú eliges cuál es tu plan perfecto.

San Vicente de la Barquera, entre el mar y la montaña
En la desembocadura de la ría de San Vicente se encuentra esta auténtica villa rural marinera que en un pasado fue un importante puerto, por donde entraba la mayor parte de la riqueza.
Desde el exterior hasta el interior, destacan sus murallas medievales, de las cuales se conservan ciertas partes que, a día de hoy, sirven de espacio expositivo, el medieval Puente de la Maza, construido en el siglo XV (uno de los más largos de España de este estilo); una vez dentro, el Castillo del Rey se impone en la cima de la localidad y ofrece una de las mejores vistas del paraje de alrededor, pero antes tendrás que pasar por la Iglesia de Santa María de los Ángeles, construida en el siglo XIII, para observar su estilo gótico montañés.

Bárcena Mayor, ¿el pueblo más antiguo de España?
El cúlmen de lo rural se encuentra en este pequeño pueblo del que se dice ser el más antiguo de nuestro país. Sea verdad o no, es sin duda de aspecto antiguo. Se encuentra en el Valle del río Rudrón, dentro del Parque Natural Saja-Besaya, que ocupa unas 25.000 hectáreas y es una de las áreas protegidas más importantes de la región.
Cuenta con apenas dos calles peatonales donde se encuentran unas casonas que datan de los siglos XVII y XVIII y que sorprenden por sus balcones de madera y su artesonado tradicional. Es un lugar ideal desde el que comenzar rutas de senderismo y así poder disfrutar de la naturaleza.

Laredo, pomposa iglesia y muelle tradicional
Este pueblo surgió primero como un importante puerto y centro de comercio de la zona que, hoy en día, también cuenta con puerto deportivo, alrededor del cual se arremolinan numerosos restaurantes. Puebla Vieja, que es como se conoce a su casco antiguo, nace de las primitivas 6 rúas que surgen del corazón del municipio y en las que se puede palpar la historia Medieval en cada piedra.
La parada ineludible de Laredo es la Iglesia de Santa María de la Asunción, que sorprende por la pomposidad de su ábside visto desde el exterior y por sus tres naves góticas del interior. Después de tu visita, puedes darte un chapuzón en la Playa de la Salvé, la mas larga del norte de España, de 4 kilómetros de largo.

Liérganes, el pueblo bonito de al lado del río
La Fábrica de Artillería que abrió en el pueblo en 1622 atrajo a trabajadores de todas partes del país y a personas acaudaladas que construyeron sus palacetes y casonas dentro y fuera del casco antiguo del pueblo. Uno de los edificios más destacados es el Palacio de la Rañada, una casa-palacio construida en el siglo XVII, y la Iglesia de San Pedro Ad Víncula, de estilo barroco que data del siglo XVI.
Liérganes también es famoso por su leyenda del hombre-pez. Esta narra la historia de un joven del pueblo que despareció en el río Miera y apareció, años después, en las costas de Cádiz cubierto de escamas y comportándose como si fuera un pez (¿un sireno, quizás?). Como recuerdo de este cuento popular se colocó una estatua del joven a orillas del río. Ten cuidado cuando cruces los puentes Liérganes y Rubalcaba, porque no queremos más criaturas sobrenaturales rondando los ríos y mares (para un chapuzón mejor ir al balneario, más seguro).

Carmona, entre montañas
En medio de los valles del Nansa y del Saja, Carmona (la cántabra) conserva el trazado urbano original de calles apretadas. Es pequeño, pero resultón. Podrás encontrar numerosas casas y casonas tradicionales, que datan de los siglos XVII y XVIII, aunque también mantiene alguna casa del siglo XVI. El edificio más emblemático es el Palacio de los Díaz Cossío y Mier, de estilo barroco inspirado en los de la época de los Austrias de Madrid, hoy día un hotel-restaurante que recibe visitantes.
Sin embargo, el entorno natural de Carmona es sin lugar a dudas su principal atractivo, ya que ofrece infinitas rutas para explorar tanto los valles como las montañas. Una de las rutas más populares es la que conduce al Mirador de Carmona, de dificultad mínima, y donde podrás obtener las mejores vistas de todo el valle.

Suances, turístico playero, sí, pero a mucha honra
Si tu motivo de viaje a Cantabria es disfrutar de su mar, Suances es tu destino perfecto. No solo es interesante a nivel cultural gracias a ese barrio de la Cuba, con sabor marinero, o algunas casas palaciegas como la de Fernando Velarde o la de Los Polancos, sino que sus playas atraen cada año a cientos de adeptos.
La Playa de Los Locos es famosa por sus orlas fuertes, perfecta para los que practican surf, y la Playa de La Concha por ser más familiar y adecuada para nadar en ella. La península del Dichoso, además de regalar vistas completas de las islitas que se alzan del Cantábrico y estar rodeada de acantilados, guarda resquicios de la defensa costera de El Torco, del siglo XVII. Hoy en día es sede de los Cursos de Verano de la Universidad de Cantabria, además de galería de arte.

Mogrovejo, aquí no hay asfalto (y lo agradecemos)
Mogrovejo observa desde un alto del Valle de Liébana cómo los turistas llegan hasta él para encontrar casas centenarias de piedra y madera, con tejados a dos aguas y balcones de madera tallada. Su torre medieval, herencia de su antiguo Palacio Condal, se erige sobre el resto del pueblo.
También conserva un importante conjunto de casas populares lebaniegas, entre las que destaca la de Vicente de Celis, con el escudo de los Estrada, del siglo XVI, y algunos edificios singulares, como la Iglesia De San Pedro, del siglo XVII, además de hórreos y paneras. Estamos ante el pueblo por excelencia de los Picos de Europa, el lugar creado por el hombre más pintoresco bajo esas cumbres tan molonas.

Castro Urdiales, dominguerismo más que justificado
El Castillo de Castro Urdiales, la construcción por la que es ampliamente visitado, fue levantado en el siglo XIII para proteger la localidad de posibles ataques por mar. También es conocido como la Fortaleza de Santa Ana y su gran altura que, si lo comparamos con el resto del pueblo, da una sensación de grandeza que, estamos seguros, es intencionada para asustar a sus enemigos.
Pero el pueblo aún tiene más: desde su iglesia gótica de Nuestra Señora de la Asunción hasta casas eclécticas como el palacete y jardines de los Ocharan o la neogótica ‘Los Chelines’.
Publicado en CONDÉ NAST TRAVELER.


