MÁS IMPUESTOS MÁS CORRUPCIÓN

Ing. Guido Calderón

El primer paso que dan al ganar las elecciones, es rebuscar todas los impuestos, tazas, contribuciones y requisitos, que fueron creados en periodos anteriores y no se han aplicado ni exigido cumplimiento y de los cuales se declaran “inocentes” pero cobran y se gastan.

Luego viene el alza de impuestos ya existentes, con montos más altos a los que más tienen. Las primeras víctimas son los campesinos que tienen extensiones de tierra no productiva o no utilizada; y deben pagar sumas imposibles frente a sus ingresos. Aquí se castiga el crecimiento productivo y se obliga a precarizar la industrialización, dividiendo los negocios en varios para eludir el impuesto.

La tercera fase es crear impuestos para los ricos, frase que encanta a muchos que ven más gratuidades por parte del gobierno. Hay dos mentiras. Es imposible en un país, diferenciar quien es rico y quien no lo es. El “rico” de una parroquia, no lo es en un cantón y es pobre en una ciudad grande. Ello exige crear impuestos masivos y excepciones, subsidios o compensaciones a los “más vulnerables”, segmento que crece desbocado.

El discurso político siempre es para “favorecer a los pobres” sector al que se traslada gran parte de la clase media. Los barrios marginales se engalanan con edificios llenos de departamentos y locales comerciales de gente que obviamente no es pobre, pero asumen esa apariencia, hábitos y mentalidad.

En algunos de estos estratos pobres, cuando alguien se pone un negocio, el andamiaje del Estado lo apoya con estudios de mercado, préstamos a bajo interés, exención de impuestos, asesores y supervisores de su éxito; si alguien de Clase Media pone el mismo negocio, ese mismo Estado lo persigue y le exige permisos, tasas, impuestos anticipados, normativas e inspecciones.

Existe todo un culto y endiosamiento de la pobreza. El pobre es honrado, unido, solidario y dejar de serlo, es abandonar esas virtudes. Tienen derecho a recibir todo regalado, pero no puede exigir ni calidad ni continuidad. Se regalan mil de algo, pero en papeles se pagaron 10.000. Es el paraíso para la corrupción de los nuevos gobernantes.

Como siempre hay una clase media que reclama y exige obras por sus tributos, la receta para acallarla es crear infinidad de impuestos imposibles de conocerlos y cumplirlos, lo que convierte a todo ciudadano en evasor; por tanto, al margen de la ley, debilitando sus derechos civiles y obligándolo a callar ante el robo público y descarado. ¿Si tu evades yo robo, cuál es la diferencia?

Los políticos apuestan por el cada vez, más amplio espectro electoral de los pobres, a los cuales el populismo llamó “mandantes”, adjetivo que muchos sectores sociales le dan el significado de estar por encima de la ley, lo que agrava e incrementa el caos y violencia social. El ciudadano obediente de las normas que busca el bienestar de todos, despareció.

Sin pobres la clase política no podría sobrevivir, por ello su empeño en empobrecer a la población, invitándola a no esforzarse, a esperar que todo le regale el Estado, llenándola de “derechos” que se quitan a otros sectores sociales y; hacerla dependiente de las migajas de un Estado de corrompidos, que todo el tiempo piensan en crear nuevos impuestos y perpetuarse en el poder. /Guido Calderón.