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ESTADO DE BIENESTAR EN VEZ DE ESTADO DE DERECHOS

Por Guido Calderón

 

Todo” derecho” por principio es justo, obligatorio y un delito si se incumple. En las 2 últimas décadas, el populismo progresista ha convencido a millones de personas que tienen un sinfín de derechos y ninguna obligación, salvo votar por ellos.

 

Todos estos derechos son gratuitos: vivienda, salud, educación, servicios básicos y de ahí se inventaron el “Estado de Derechos”, sin embargo, no existe país que tenga tanto dinero como para “cumplir” con todos estos derechos, lo que acarrea una ola de rabiosos reclamantes que incendian calles y destruyen propiedad pública en Latinoamérica.

 

Ante tanta “injusticia”, tenemos millones de “víctimas” que usan todo el ecosistema comunicacional digital, para quejarse amargamente por la inobservancia de sus derechos, los cuales deben ser financiados con más impuestos “a los ricos”, quienes son objeto de odio, rechazo y en algunos países, de expropiaciones y quiebras forzadas. Victimizarse llama mucho una atención y curiosidad, que confunden con solidaridad.

 

En la región, la pobreza ha sido elevada a una religión de dependencia de los gobiernos nacionales y seccionales, fundamentada en una supuesta espiritualidad y solidaridad, que hacen a los pobres superiores al resto de personas, por lo que es casi divino mantenerse en estados de carencia. En cambio, en las culturas asiáticas, la pobreza es considerada una vergüenza, que toda la familia lucha por erradicar, de ahí el éxito económico de estos países.

 

Este “Estado de Derechos” está colapsando países, frustrando generaciones y convirtiendo en fracasados seriales a los jóvenes que creen que los Estados latinoamericanos debe resolver –léase financiar- sus vidas en las que no existen deberes ni contrapartes y ha sido el mejor caldo de cultivo para dictaduras que se ufanan de constituciones atiborras de derechos que vegetan solo en los discursos.

 

Frente a este fraude emocional que anula a la gente catequizada en que el Estado debe darle todo gratis a cambio de nada; ¿qué deben hacer los políticos para conservar las democracias y recuperar la humanidad de las personas?

 

La alternativa obvia, es el “Estado de Bienestar” en el cual las oportunidades existen para  todo aquel que aprende, se esfuerza y emprende; confiado en sus capacidades, creatividad y el humanismo, es decir, entender que lo primero es el bienestar del ser humano y no la supremacía de las doctrinas, expiando a quienes no las comparten.

 

Cambiar la mentalidad de pobreza inyectada por el populismo progresista, por una mentalidad de abundancia en países donde tenemos de todo para ser exitosos, es la gran labor de los políticos que, desde el retorno a la democracia, han gobernado para “ayudar” a que los pobres sean pobres generacionales. Nadie les ha exigido esfuerzo y compromiso para salir de la escasez, al contrario, han glorificado esta condición, la han llenado de ayudas que han quitado a otros segmentos, por lo que mucha clase media se ha convertido en falso pobre, para a más de ayudas, evadir impuestos. Los barrios pobres de muchas ciudades, están llenos de edificios de gente tan adinerada, como aquellos que dicen defender sus derechos.

 

El Estado de Bienestar exige gente que aporte y apoye desde limpiando su calle hasta organizándose para combatir la inseguridad y no dejar espacio al mañoso ni al ladrón. Gente que huya del virus de la pobreza, que se inmunice al discurso populista, que en vez de quejarse agradezca lo poco que tiene y aspire a mucho en base a su esfuerzo. Gente que eduque a los niños para triunfar en cualquier labor, arte o profesión. Gente que, si se siente pobre, cuide de no llenarse de niños que empujan a mendigar en las calles. Gente que bendiga la riqueza y luche por alcanzarla en vez de maldecirla. Gente que pague impuestos para que los Estados puedan combatir la miseria y la criminalidad que se nutre de ella.

 

Jamás ha existido una época con tanta tecnología y posibilidades de alcanzar la abundancia, con la paradoja que cada vez hay más trabajo, pero menos empleo “seguro”, por lo que debemos cambiar la seguridad por la libertad de emprender.

 

35 años haciendo lo mismo, una jubilación con total carencia de nuevas habilidades y dependencia financiera de gobiernos expertos en evaporar el dinero público; no puede seguir siendo el sueño de millones de jóvenes que exigen vidas llenas de nuevas experiencias y oportunidades. /GC.

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