El genio de la lámpara

De niños escuchan de sus padres “somos pobres”, los vecinos repiten “somos pobres”, en la escuela los maestros corean el “país es pobre”. De adultos sus acciones diarias les conducen a perpetuar los hábitos de pobreza, siendo el principal: esperar que sus problemas sean resueltos por alguien de fuera y no por su esfuerzo.

El cerebro humano está diseñado para que sobrevivamos, no para que tengamos éxito en la vida. En entornos de escasez, el cerebro crea el “estado de confort”. Millones de personas en el mundo viven en la miseria, convencidos que es su destino.

La Revolución Ciudadana durante 10 años fortificó el credo que tienen las mentes pobres: el mundo les debe todo; e idearon el “Estado de Derechos”. Convencieron a millones de ecuatorianos que el ser pobres, les da derecho a recibir sin pago una vivienda digna, salud gratuita, educación sin costo y que ello no implica ninguna obligación… salvo votar por ellos.

Cuantiosa propaganda de unas pocas casas obsequiadas, robusteció en las mentes pobres la práctica de esperar su turno. Esperaron 10 años y esperaran 10 años más, hasta que su mesías venga a resolver sus problemas, si se convencen de ese imposible, buscarán ese ofrecimiento en otro político. Cualquiera que exija trabajo, esfuerzo, estudio, no tendrá sus votos.

Ninguna economía del mundo sobrevive a un Estado que obsequia y regala de todo, todo el tiempo. La efímera generosidad revolucionaria se dio en años de bonanza, hasta convencer a la gente que solo un gobierno de izquierda les va a dar todo mientras sean pobres, y los ricos son malas personas que existen solo para pagar impuestos y aumentos salariales.

“No se preocupen, estos impuestos son para los ricos, no afectan a los pobres” decía; y la gente sonreía y aplaudía, sin entender que el mensaje era: no pagarán impuestos porque “van a ser pobres todas sus vidas”.

Las vías de nuestro país, cada vez más transitadas y congestionadas, motivan a ponerse negocios para viajeros. Muchos de estos emprendimientos, sobre todo alimentarios, son unas cuantas guaduas y varias planchas de zinc que protegen del sol al cerdo colgado de un gancho, pero no del polvo ni de su descomposición.

Chozones con mesas sucias no brindan garantías sanitarias, sillas destartaladas, baños asquerosos y ausencia de parqueadero, son imágenes que nos refuerzan como país que desborda pobreza lo que nos aleja del turismo organizado y rentable.

En cada ciudad hay zonas de comedores que no tienen agua para lavar vajillas profusamente utilizadas, se han creado espacios callejeros de “agachaditos” o “huecas” donde acude gente que privilegia el precio bajo y los sabores “tradicionales” por encima de la salud y el sentido común.

Estamos catequizados que nuestro destino es ser pobres y la mente es como el genio de la lámpara, te concede lo que deseas… así vaya en tu contra.

Por Guido Calderòn

Publicado originalmente en https://www.elcomercio.com/opinion/genio-lampara.html.