EL BUEN PAN DE CADA DIA HOY ES UN VENENO

Pan Blanco

Por Guido Calderón

Mi abuela me llevaba a sus terrenos en Sibambe, cerca de Alausí, donde participaba en la cosecha del trigo que coincidía con las vacaciones escolares. Los cascos de los caballos pisaban las espigas hasta separar el grano, que era repartido a medias entre mi abuela y el partidario.

Ya en Riobamba, llevaba los quintales del dorado grano a los Molinos El Fenix, donde era convertido en harina. Luego me tenía tardes enteras “afrechando” es decir cerniendo para separar la harina blanca con la que se hacía empanadas rellenas de queso con cebolla y la harina negra que servía para hacer el “moyuelo” o pan negro, que era mi favorito porque se rellenaba de queso con dulce raspadura de caña. En esa época el pan blanco era para la gente blanca, más caro; y el pan negro para los indígenas, más barato.

En el gobierno de Febres Cordero, vinculado a Industrial Molinera, se dio luz verde a la importación masiva de trigo rojo norteamericano, con mejores cualidades y rentabilidad. Infla más el pan y su cascara es más delgada, por lo que sale menos harina negra.

Luego vinieron más importadoras y molineras que inundaron el país de harina refinada blanca y quebraron a los cultivadores de trigo nacional, desechado por tener cascara gruesa y no hinchar el pan.

En la actualidad comer pan blanco es casi un veneno. El trigo importado está lleno de transgénicos, pesticidas, bloquea la digestión tanto como una pastilla para la diarrea y las grandes fábricas de pan agregan infinidad de químicos para aumentar su volumen, saborización y  preservación. Al final el negocio no es vender pan, sino burbujas

Incluso el pan integral, tienen la misma harina nociva a la que se le agrega salvado y cascara de trigo, a más de infinidad de químicos que lo convierten en alimento súper procesado, cuando lo sano es ingerir alimentos naturales sin preservantes, y que no superen más de cinco ingredientes.

Ecuador necesita recuperar al pan como un alimento sano, más en tiempo de crisis económica, que aumentan su consumo por lo barato y rápido que resulta:  no alimentarse, sino matar el hambre.

Perú ya lo hizo. Allá se produce y comercializa pan indicando que su trigo es peruano.

El defecto del trigo ecuatoriano de tener la cascara muy gruesa, hoy es una virtud, porque a mayor cascara más fibra que limpia el intestino. Es más sano y no engorda.

Nuestro trigo de las serranías, tampoco tiene transgénicos, por lo que empezar a ofertar pan con trigo de localidades indígenas de Chimborazo o campesinas de Bolívar, sin químicos ni preservantes, es una gran opción para alimentarnos bien y poner el valor el buen pan, para que el médico no nos prohíba este manjar, como si de un veneno se tratara y que en las grandes ciudades de Ecuador, de verdad lo es y está enfermando y haciendo obesas  a las personas, en especial a los niños, con tanta  harina blanca refinada  que bloquea el tracto intestinal, químicos que envenenan, preservantes de mala reputación, colorantes en otros países prohibidos,  peligrosas  grasas hidrogenadas con carga calórica similar a la mayonesa y  más agresiones a la salud; lo que motiva a eliminarlos de nuestra dieta.

Aspiro que en poco tiempo podamos en nuestras ciudades, escoger pan sano elaborado con trigos ecuatorianos, acompañados de los ingredientes básicos que son levadura, sal, algo de azúcar que mejora la fermentación, lo que le convierten en un verdadero y nutritivo alimento, hoy consumido casi en secreto en las zonas rurales andinas de Ecuador.

Realmente necesitamos una Revolución del Pan.

GC/