Siempre veía directo a los ojos con una mirada serena, agradable, que hacía juego con su leve sonrisa, afectuosa y protocolaria; le gustaba escuchar lo que pasaba en la ciudad, no para contradecir ni quejarse, sino para complementar con una anécdota, de las muchas que había vivido o había sido testigo; su sabiduría enciclopédica era el mejor pasaporte para viajar a la historia de Baños de Agua Santa, ciudad que se empeñó en forjar como destino turístico, y en moldear a su gente a la imagen y semejanza de su amabilidad infinita y de la firmeza cuando esta es necesaria.
Alto y erguido, caminaba con la tranquilidad y confianza de quien se siente dueño del aprecio de todos quienes transitaban a su lado, saludándole con respeto y aprecio.
Sus pasos largos y calmados, su respiración profunda, indicaba que no tenía recelo a nada ni a nadie, sabía lo que había sembrado en el corazón de la gente; y lo cosechaba cada día, cuando desde su hotel “Flor de Oriente”, frente al parque Palomino Flores, en pleno centro de Baños; hacía su inspección y análisis de los turistas que llegaban y pronosticaba con precisión, si iba a haber muchos o demasiados.
En su visión empresarial, los fines de semana era buenos o muy buenos, no dejaba espacio al desánimo, minimizaba los problemas y jamás le escuché hablar mal de nadie; al contrario, todos eran buenos y justificaba piadosamente a los políticos locales, de quienes sabía su vida desde sus infancias; y era indulgente con los políticos nacionales, de cuya actividad estaba siempre muy enterado, al punto que vaticinaba con certeza lo que iba a ocurrir. Un analista político agudo y a diferencia de la mayoría, siempre optimista y respetuoso de la autoridad, concepto que lo tenía claro, pues en varias ocasiones fue concejal de la ciudad y un constructor formidable, edificó las casas de muchas familias.
Este mes abandonó la ciudad que tanto amó. No toleró verla vacía, se fue con el pundonor que lo caracterizó; no pudo con él la pandemia, pero se rindió a la soledad de las calles, a las romerías de ausencias, un hombre tan valiente, no soportó tanto temor colectivo alimentado por la histeria comunicacional.
Baños de Agua Santa perdió a un Caballero, amante de los toros tanto como de las buenas armas y los excelentes relojes. Que la Virgen de la cual fue devoto, le cuide en su nueva morada. /Guido Calderón.
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