La transformación hacia la electromovilidad y la búsqueda de la neutralidad climática está obligando a una profunda metamorfosis en las plantas que fabrican los componentes esenciales de los vehículos. En un mercado globalizado, esta reconversión tecnológica y ambiental tiene un impacto directo en la industria automotriz argentina, que depende de cadenas de suministro hiperconectadas y eficientes para abastecer tanto a las terminales locales como al mercado de reposición.
La tendencia se observa de manera directa en la red global de manufactura de compañías como SKF Automotive, donde la convergencia entre la Industria 4.0 y la eficiencia energética está reconfigurando las operaciones en los principales polos industriales que abastecen a la región, combinando digitalización extrema y reducción de huella ambiental.
El cambio más cercano para el mercado argentino proviene de la planta de Cajamar, en Brasil. Este centro productivo consolidó una hoja de ruta tecnológica que aplica machine learning para la predicción de calidad y la Eficiencia General de los Equipos (OEE). La digitalización incluye comunicación máquina a máquina, trazabilidad digital e integración total de sistemas de manufactura. En paralelo, la planta brasileña exhibe un indicador clave de sustentabilidad: logró reducir sus emisiones de CO₂ de 5.400 toneladas en 2019 a apenas 218,4 toneladas al cierre de 2025, lo que representa una drástica disminución del 96% de su impacto ambiental en solo seis años.
Por su parte, en Puebla, México —otro origen estratégico de autopartes y vehículos para la Argentina—, la relocalización y reorganización de la red industrial impulsó la incorporación de nuevas capacidades productivas. La planta mexicana opera bajo principios nativos de Industria 4.0, automatizando la fabricación de unidades de rodamiento de rueda para integrarse a ecosistemas vehiculares globales más demandantes.
El origen europeo de componentes también vive su propia transformación. En Tudela, España, una instalación con más de cinco décadas de trayectoria automotriz alcanzó la neutralidad de emisiones de CO₂ mediante proyectos de eficiencia energética. La planta, que fabrica más de 10 millones de cubos de rueda anuales, recibió recientemente una subvención de 2,98 millones de euros de la Unión Europea, orientada específicamente al desarrollo de tecnologías para vehículos eléctricos mediante procesos 100% digitalizados.
Este enfoque de economía circular se replica a gran escala en Saint-Cyr-sur-Loire, Francia. Considerado un gigante de la manufactura europea con una producción anual de 60 millones de rodamientos y componentes sensorizados, el predio funciona como un laboratorio de transición energética. Allí, la producción masiva convive con sistemas avanzados de recuperación de calor industrial, generación de energía fotovoltaica y redes de calefacción alimentadas por biomasa.
La reconversión de estos centros productivos demuestra que la competitividad del sector automotriz argentino en el corto plazo estará ligada a la capacidad de sus proveedores globales de procesar datos en tiempo real, eliminar su huella de carbono y flexibilizar su producción para los autos del futuro.
Fuente: Nicolás Fresco – Prensa y Comunicación