POR SARA ANDRADE
La Costa Brava abarca las comarcas del Alt Empordà, el Pla de l’Estany, el Baix Empordà y La Selva. En sus 241 km de extensión, el paisaje se muestra en pleno esplendor con bellos pueblos medievales y calas que invitan a vivir en el mar, parajes protegidos como el Parque Natural de Cap de Creus, los Aiguamolls de l’Empordà, el Parque Natural del Montgrí, Illes Medes, Baix Ter. Su litoral de Portbou a Blanes marca el inicio y el fin del Camí de Ronda.
Este destino invita a un sinfín de actividades: desde una visita a los pueblos pesqueros más turísticos como Cadaqués o Calella de Palafrugell, a un paseo mágico por cualquiera de sus cuatro jardines botánicos junto al mar; o sin olvidar lugares inolvidables como el lago de Banyoles o la bahía de Roses.
En el corazón del Empordà, aunque sin perder de vista el Mediterráneo, se encuentra el pueblecito de Pals, que ya aparece a lo lejos sobre arrozales y marismas. Pals es un pueblo dedicado a la gastronomía -nunca hay que marcharse de aquí sin haber probado el “arroz de Pals”-, pero también al turismo, ya que cuenta con uno de los conjuntos medievales mejor conservados del territorio. En el pueblo hay que perderse por su laberinto de calles empedradas y sus comercios de artesanía local, llegar hasta su Plaza Mayor, contemplar la Torre del Homenaje y admirar las vistas desde el mirador de Josep Plan.
Aunque parezca mentira, Pals también tiene playa: más de 3 kilómetros de arena blanca que se disfrutan especialmente en verano. Y si te gustan las aves debes dirigirte a Les Basses d’en Coll, un espacio protegido entre humedales y dunas.
Cadaqués
No podía faltar en esta lista Cadaqués, el pueblo más bonito de la Costa Brava. Una carretera de curvas infinita merece la pena si al final encuentras un pueblo como este: casitas blancas, una iglesia coronando el paisaje, pequeños comercios de artesanía local y un mar en calma. Cadaqués es conocido por muchas razones, por supuesto, la más internacional hace referencia al pintor Salvador Dalí quien estableció aquí su vivienda, hoy convertida en un museo ubicado en Port Lligat; pero es también el Parque Natural del Cap de Creus, un paisaje salvaje (y a veces solitario) como pocos, y numerosas calas en las que soñar con un verano infinito.
Port de la Selva
Al norte de la Costa Brava, en el Parque Natural del Cap de Creus, Port de la Selva es un refugio tranquilo y mucho menos masificado que el resto de lugares de la Costa Brava. Sus playas y calas rodeadas de montañas son perfectas para una escapada o un road trip en autocaravana. El entorno invita a practicar deportes náuticos y a descubrir los caminos de ronda y otros itinerarios por sus montañas, que llegan hasta el Mediterráneo. En uno de estos paseos debes incluir una visita al monasterio de Sant Pere de Rodes, una impresionante obra del siglo X y todo un referente del arte románico en Cataluña.
Calella de Palafrugell
Sin duda, el lugar más fotografiado de Calella de Palafrugell es la playa de Port Bo o “Platja de les Barques”, pero Calella es mucho más que ese escenario. Este icónico pueblo de casitas de pescadores cuenta con calas mediterráneas, los Jardines de Cap Roig donde se celebra uno de los festivales de verano más importantes de Cataluña, una tradición marinera que se remonta a la época medieval, el mágico Camí de Ronda y su historia literaria ligada al escritor Josep Pla.
Pero, a nosotros lo que más nos gusta de Calella de Palafrugell son sus noches de verano, que siempre empiezan con la Cantada de Habaneras, en honor al pasado indiano de esta zona de la Costa Brava.
Palamós
No lo vamos a negar, si Palamós está en esta lista es por su gastronomía. ¿Hay algo más sabroso que una gamba roja de Palamós? El “pescaturismo” se ha convertido en uno de los reclamos de este bonito pueblo del Baix Empordà, ir a pescar, comprar en la Llotja pescado fresco o comerlo en uno de sus restaurantes más conocidos.
La postal de Palamós la completa su paseo marítimo, la iglesia de Santa María de Palamós, las playas de El Castell, la Fosca y S’Alguer, uno de nuestros rincones favoritos del Mediterráneo. Pero, por favor, guárdanos el secreto.
Begur
Begur es uno de los pueblos más visitados de la Costa Brava, sobre todo en verano donde prácticamente no cabe ni un alfiler, pero no nos extraña, porque es tan bonito. Su castillo medieval preside un conjunto histórico lleno de casas indianas y de piedra antigua, una plaza de pueblo de las de siempre con una pequeña iglesia y numerosos comercios y pequeños restaurantes. Ya en la costa, sus calas acaban de redondear un escenario de película: Sa Tuna, Sa Riera, la platja de l’Illa Roja, cala d’Aiguafreda, Aiguablava o Fornells son algunas de las más conocidas. Ve con tiempo, porque en verano cuesta encontrar un hueco. Si decides visitarlo fuera de temporada, sus paisajes te conquistarán por la calma y el silencio.
Begur, además, también está conectado con el flamenco ya que fue el lugar de residencia de la bailaora Carmen Amaya. En su honor se celebra un festival de flamenco.
Peratallada
Peratallada no es solo uno de los pueblos más bellos de la Costa Brava, lo es también de España. En Traveler.es siempre hemos elogiado a este pueblo 100% ampurdanés. La villa fortificada nos hace viajar a una época medieval con castillo, torre del homenaje y foso. Es cierto que, hoy en día, es un pueblo totalmente abierto al mundo, moderno y muy turístico. Nadie quiere perderse sus calles empedradas, los campos que lo rodean para hacer senderismo y ciclismo, y, sobre todo, su tranquilidad. Es un “must” en todas las grandes rutas de la Costa Brava y del Empordà.
Tossa de Mar
Tossa de Mar es un pueblo histórico de la Costa Brava y lo es por muchas razones. Su “Villa vella” nos remonta a un pasado medieval, donde los pueblos marineros del Mediterráneo se defendían de piratas y vivían de la pesca. Su núcleo histórico, declarado Monumento Histórico Artístico Nacional en 1931, es un reflejo de ello. Pero es también testigo de la época dorada de la Costa Brava, con la llegada de las estrellas del Hollywood de los años 50. Ava Gardner permaneció en Tossa durante mucho tiempo, aún quedan historias por contar de su paso por aquí. De hecho, la recuerdan con una escultura mirando al mar.
Hay mucho más, sus calas, una de ellas con los restos del recinto amurallado, y el Camí de Ronda que comparte con otros de sus municipios vecinos, Lloret de Mar y Sant Feliu de Guíxols.
Tamariu
Entre Calella de Palafrugell y Llafranc, aparece el pequeño pueblo de Tamariu. El camino de Ronda lo descubre medio escondido entre calas, pinos y rocas. Así de caprichoso es el Mediterráneo.
Tamariu no presume de grandes monumentos, pero sí de calas. Aquí se encuentran algunas de las más bonitas de la Costa Brava: la cala Els Liris, con su barraca centenaria y el trampolín en lo alto de una roca, cala Pedrosa, la cala de Aigua Xelida, una de las más visitadas en verano, y la platja de Tamariu. Una excursión mítica es llegar hasta el Far de Sant Sebastià, y, una vez allí, disfrutar de las vistas. ¡Merecerá la pena!
Lloret de Mar
Lloret de Mar se puso muy de moda en los años 90, quizá por eso aún arrastre la fama de destino masificado. Lejos de esa imagen queremos reivindicar su belleza, con un castillo, que aunque pueda parecer medieval, no lo es. El Castillo d’en Platja tiene una historia curiosa que empieza en 1935 cuando el industrial Narcís Platja Martí, propietario de la empresa Galetes Plaja, decidió fijar su residencia de verano en el pueblo. Así empezó su construcción, que se interrumpió durante la Guerra Civil, pero que terminó poco después. No dejó indiferente a nadie y no fue muy bien recibido, pero con el tiempo, este castillo de estilo neogótico que se alza en una punta de sa Caleta, se ha convertido en todo un símbolo. Desde 2021 se abrió al público y se organizan numerosas actividades.
Además cuenta con calas preciosas y con los Jardines de Santa Clotilde, un maravilloso jardín botánico con vistas al mar.
L’Escala
L’Escala es el epicentro de la historia de la Costa Brava y del Mediterráneo. Este municipio cuenta con un vecindario muy peculiar: Sant Martí d’Empuries. En tiempo pasado había sido una península y acogió los primeros habitantes a partir del siglo IX a. C. Fue, tres siglos más tarde, un punto comercial de fenicios, púnicos y foceos masaliotas. Hasta el 1064, Sant Martí fue sede del condado de Empúries. Se conserva una buena parte de la muralla medieval, la iglesia de Sant Martí, que se construyó en 1538 sobre un templo prerrománico.
Una vez visitado esta parte, se recomienda conocer el paseo de Empúries, que une Sant Martí con el centro de L’Escala. También las playas de Empúries, que conservan el yacimiento grecorromano de Empúries y el Moll Grec.
Blanes
¿Por qué nos encanta Blanes? Aquí empieza la Costa Brava, el Camí de Ronda que lleva hasta Portbou. Y, no solo eso, Blanes cuenta con el Jardín botánico de Marimurtra, una joya como pocas del Mediterráneo creada por Carl Faust en los años 50. Este empresario alemán, establecido en Cataluña, dedicó su ilusión, su esfuerzo y todo su patrimonio a la realización de su sueño, este jardín. No es de extrañar que muchas parejas vengan a casarse aquí, la cúpula del jardín es una de las más fotografiadas del mundo.
Están a su altura, el espectacular paseo marítimo, la roca de Sa Palomera, en medio de la larga playa, el punto que marca el inicio de la Costa Brava, y su mirador en el Castillo de Sant Joan de Blanes.
S’Agaró
Este pueblo pesquero del Baix Empordà, pertenece a Castell-Platja d’Aro, y cuenta con calas y playas y un pequeño núcleo pintoresco de gran interés. A principios del siglo XX, Josep Ensesa, de la mano del arquitecto Rafael Masó, tuvo la idea de edificar una ciudad jardín catalana en un marco novecentista donde la arquitectura y el urbanismo respetasen totalmente el paisaje mediterráneo. Así, Senya Blanca, el Hostal de La Gavina y cada casa del municipio configuraron un conjunto arquitectónico declarado Bien Cultural de Interés Nacional desde el año 1996.
De este lugar, no puedes irte sin haber disfrutado de la playa de Sant Pol y a la playa de Sa Conca. Sus casetas de colores son de foto.
L’Estartit
L’Estartit, en el Baix Empordà, es el punto de partida para una visita al Parque Natural del Montgrí, las Islas Medas y el Bajo Ter. Las islas Medes, antiguo refugio espiritual, militar y de piratas, son hoy uno de los espacios protegidos más importantes del Mediterráneo. Hoy en día, muy concurridos por submarinistas.
El pueblo cuenta con dos calas desde donde ver las islas Medes, cala Calella y cala Pedrosa, y la gran playa del municipio con cinco kilómetros de arena fina. También merece la pena su casco urbano, dedicado desde la antigüedad a la vida marinera. No te pierdas las Iglesia de Santa Ana, levantada sobre un antiguo templo, la plaza de la villa y la calle Santa Ana, llena de comercios.
Portbou
La Costa Brava llega a su fin en Portbou, un pueblo de poco más de 1.000 habitantes en el Alto Empordà y rodeado de sierra de la Albera. Su situación geográfica trae fuertes vientos de tramontana, pero igualmente goza de calas tranquilas y silenciosas, como la cala de Portbou. Su puerto deportivo, las playas, la zona comercial y el bullicio del verano, lo convierten en un pueblo imprescindible, aunque, eso sí, más desconocido de la Costa Brava. ¡No te lo pierdas!
Publicado en CONDÉ NAST TRAVELER.

















