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PRECAUCIÓN: CRUCE DE IGUANAS

«Conduzca con precaución, cruce de iguanas», es uno de los primeros letreros que ve el turista poco después de bajarse del avión en la isla de Baltra, en el famoso archipiélago ecuatoriano de Galápagos.

 

Y es también la evidencia de la gran cantidad de fauna que circula libremente por el archipiélago, situado a unos mil kilómetros del Ecuador continental.

 

Galápagos es uno de los principales atractivos turísticos del país andino por sus hermosos paisajes y, sobre todo, por su fauna y flora únicas en el mundo.

 

Considerado un laboratorio viviente por su rica biodiversidad, en Galápagos es absolutamente normal ver iguanas terrestres cruzando las calles, al punto de hacerse necesaria la colocación de carteles con la advertencia para los conductores, quienes detienen el vehículo hasta que el reptil llegue al otro lado, ante la mirada curiosa de los turistas, que comienzan así una de las aventuras más espectaculares en las también llamadas «Islas Encantadas».

 

El archipiélago comprende siete islas mayores (Isabela, Santa Cruz, Fernandina, Santiago, San Cristóbal, Floreana y Marchena), catorce menores (Española, Pinta, Baltra, Santa Fe, Pinzón, Genovesa, Rábida, Seymour Norte, Wolf, Tortuga, Bartolomé, Darwin, Daphne Mayor y Plaza Sur), 64 islotes y 136 rocas.

 

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Tras quince minutos en autobús, una gabarra lleva a los turistas desde el aeropuerto de Baltra hacia otras islas para adentrarse en el archipiélago, cuya rica biodiversidad lo convierte en un laboratorio natural, que permitió al científico inglés Charles Darwin desarrollar su teoría sobre la evolución y selección natural de las especies.

 

Rodeada de paradisíacos paisajes y sobre un agua tan cristalina que en varias partes se aprecia un fondo marino turquesa, la gabarra lleva en diez minutos a los turistas a la isla Santa Cruz, donde abordan vehículos para dirigirse a Puerto Ayora, cabecera cantonal de la isla, acogedora, con aire de pueblo chico y un corazón gigante que abraza el visitante.

 

PALO SANTO, «BRÉCOL GIGANTE» Y TORTUGAS

 

Para llegar a Puerto Ayora, un camino angosto, con cabida para dos vehículos (ida y vuelta) sorprende al turista con una vegetación cambiante: un primer trayecto con plantas pequeñas, cactus y bosques de Palo Santo (un árbol grande con olor a incienso), da paso a escenarios con árboles grandes de scalesia, a los que algunos guías turísticos se refieren como «brécol gigante» por sus largos troncos y por lo compacto de sus ramas y hojas en la parte superior.

 

En el camino también es posible ver a «Los Gemelos», dos grandiosas cavidades, una a cada costado de la carretera, que muestran el pasado volcánico de la isla Santa Cruz.

 

Además, así como en la zona Andina de Ecuador se aprecian vacas en pastizales, en Galápagos, una mirada por la ventanilla del vehículo devuelve la imagen de muchas tortugas sobre la hierba.

 

Y como los quelonios no saben de propiedades, los dueños de las parcelas deben colocar los alambres que delimitan su territorio a suficiente altura como para que no estorben su paso.

 

«Las tortugas pueden cruzar de propiedad a propiedad libremente. La cerca, por lo general, le dejan a una altura de 50 u 80 centímetros para que la tortuga logre cruzar libremente, porque si lo dejan muy bajo, la tortuga rompe a su paso el alambre usado para las cercas», dijo a Traffic David Rojas, nativo del lugar

 

Añadió que en Santa Cruz «hay alrededor de 7.000 tortugas monitoreadas, pero son mucho más pues hay otras en áreas de difícil acceso del Parque Nacional».

 

PUERTO AYORA

De 986 kilómetros cuadrados, la isla Santa Cruz está ubicada en el centro del archipiélago y es la segunda más grande del Archipiélago, después de Isabela.

 

Santa Cruz concentra la actividad turística en Puerto Ayora, una acogedora localidad de gente amable, con hoteles y hostales para todo gusto y economía.

 

La calle principal ofrece una amplia gama de restaurantes con comida de todo tipo, mientras un pequeño «mercado» de pescado ofrece la faena del día a orillas de un muelle lleno de pequeñas barcas que cada mañana llevan la pesca al lugar.

 

Allí, al aire libre, se apilan productos del mar, entre ellos los famosos pescados «Brujo», unos ejemplares grandes y rojos muy apetecidos que, en hoteles y restaurantes, se disputan el paladar de los indecisos turistas, quienes encuentran menús variados con langosta (dependiendo de la época), y otros productos del mar. Pero también pueden optar por platos con carne de res, aves, menús vegetarianos, veganos y más.

 

LOBOS MARINOS

Foto: Daniela Urresta, FCD lobito

Las sorpresas naturales no paran en Puerto Ayora, donde se debe caminar con cuidado para no tropezarse con iguanas negras, pequeñas y medianas, que permanecen inmóviles en las aceras tomando el sol, y que son fácilmente confundibles con el adoquín gris del lugar.

 

Pero, si mirar los detalles del pequeño Puerto Ayora o soñar viendo el sol perderse en el horizonte es encantador, el «top ten» del corazón del visitante se lo llevan los lobos marinos, dueños y señores de todo.

 

Este mamífero de entre 1,5 y 2,5 metros se pasea a sus anchas por las aceras, duerme en las bancas o en el piso de restaurantes ante la mirada absorta de los visitantes, que deben mantener una distancia de dos metros y no pueden tocarles pues habrían sanciones.

 

De pelaje corto y en distintos tonos de café, el lobo marino puede sumergirse a profundidades de 350 metros en el mar y permanecer debajo del agua hasta diez minutos.

 

…O puede optar por la piscina de un hotel para nadar y jugar a sus anchas, como un lobo marino bebé que Traffic vio pasar varios minutos por las mañanas nadando en uno de los hoteles de Puerto Ayora, mientras los turistas, muchos de ellos niños, se derretían de amor por la escena, en tanto su madre dormía profundamente en una de las bancas junto a las mesas del comedor repleto de turistas.

 

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