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viernes, marzo 1, 2024

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Turismo penitenciario

Por Guido Calderón

El anuncio de construir dos mini cárceles para 736 presos cada una, frente a más de 20.000 terroristas, exige un Ecuador unido contra la delincuencia que desafía abiertamente al Estado, porque se sabe impune gracias a las mafias judiciales y superior en armamento a los uniformados. La declaratoria de “grupos terroristas” facilita el trabajo de la FFAA y neutraliza por el momento a los partidos de izquierda opuestos a la mano dura contra los delincuentes.

Es alarmante que grupos armados continúen amenazando a un presidente que se torna más  intolerante contra los delincuentes, pero se equivoca al rechazar la ayuda de un experto en seguridad, como Jan Topic, cuyo aporte en esta situación sería vital.

La idea de construir una cárcel en Pastaza, es aterradora para quienes vivimos en esta zona; porque por cada reo sus familiares vendrán tras de ellos y no se eliminará la violencia en las grandes ciudades, solo se la trasladará a zonas con menos cobertura periodística y sin peso electoral, como es la Amazonía.

Redistribuir la criminalidad es extender la influencia de grupos delictivos, que así como se hizo tendencia rentabilizar cualquier cuartucho en Airbnb, ahora es normal convertirse en extorsionador, aprovechando de jueces perversos, policías maniatados, políticos que pactan con la delincuencia y delincuentes convertidos en políticos.

La vía principal a Pastaza, pasa por Baños de Agua Santa, donde vivimos del turismo gracias a la seguridad que tenemos y cuidamos, pero que difícilmente podremos sostenerla ante una migración masiva de familias vinculadas al delito y al crimen.

A menos que la mini cárcel esté en medio de la selva donde se llegue por avioneta, se entendería que se la construya en la Amazonía, donde los pueblos indígenas ya han expresado su rotunda oposición, así como su temor el empresariado turístico de la región.

Casualmente, al ingreso de Pastaza está el poblado de La Penal, donde antiguamente se dejaban a los enemigos políticos al otro lado del rio Pastaza, sin celdas ni muros, para que sobrevivan a su suerte. No podían cruzar el rio y si se internaban en la selva, las opciones de sobrevivencia eran casi nulas.

Finalmente, la raíz del problema es un Estado enorme, flatulento, corrupto, sin control, adicto a la coima ilegal y a la legal que son los impuestos; y donde las escuelas del delito no son las cárceles, sino la Facultades de Derecho, donde a nadie se le niega un saludo ni un título de abogado.

Publicado en El Comercio.

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