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martes, febrero 7, 2023
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Las grandes aventuras que hay que proponerse alguna vez en la vida

(Global).- Se empieza viajando a Londres, a París o a Roma. Se sigue cruzando el Atlántico o recorriendo el sureste asiático. Si entra el gusanillo viajero, se está perdido… Esta es la lista de las 10 aventuras imprescindibles que todo aspirante a aventurero debe proponerse, al menos una vez en la vida: desde navegar el Amazonas, a esquiar en el Polo Sur, y desde subir al Everest hasta cruzar Australia en furgoneta, pasando por recorrer, mochila al hombro, la milenaria Ruta de la Seda.

1. La Ruta de la Seda por Asia central

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Es una de las rutas clásicas más antiguas. Aquí no hay señales, ni mapa, ni navegadores con la voz de Marco Polo que ordenen virar a la izquierda en el próximo caravasar… Son las rutas de la seda, en plural, porque en realidad son una enmarañada red de antiguas rutas comerciales que unían el Mediterráneo con Oriente por Asia Central. Hay que empezar en Estambul y elegir una que vaya hacia el este y pase por alguno de los lugares más destacados de la histórica ruta comercial, como las grandes ciudades de Uzbekistán (Khiva, Bujara, Samarkanda…) o Kasgar con su mercado dominical. Conviene recorrer la mítica carretera del Karakórum y otros rincones remotos de países todos acabados en “stán” que están bastante al margen de las rutas turísticas.

2. Navegar el Amazonas

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El primero que se dejó llevar por la corriente del Amazonas desde su nacimiento en los Andes hasta su desembocadura en el Atlántico fue un español, Francisco de Orellana, en 1542. En realidad no era consciente de que estaba navegando por el río más largo y caudaloso del mundo, pero realizó una aventura prodigiosa que tardó mucho en volver a intentarse. Aunque no sea fácil recrear el viaje de Orellana, siempre es recomendable navegar en ferri, crucero o canoa algún tramo de este colosal río que atraviesa la mayor selva del planeta. Es un lugar peligroso en el que acechan víboras, insectos, enfermedades y algunos lugareños hostiles, pero también alberga una biodiversidad de valor incalculable, tribus fascinantes y aventuras al más puro estilo Indiana Jones. Pocas ciudades del Amazonas son accesibles por carretera; se llega en avión o en barco. Manaos, Iquitos y Belém son puntos clave.

3. Recorrer Australia en furgoneta

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Puestos a viajar hasta el otro lado del mundo, es casi obligado para el aspirante a aventurero recorrer la inmensidad australiana al volante de una furgoneta clásica, o en su defecto, de una moderna autocaravana. Más que unas vacaciones, es casi un ritual iniciático. Tanto si se parte hacia el norte desde Sídney, al oeste desde Adelaida, o si se traza un circuito por todo el interior (16 000 km), hay cosas que se dan por sentado, como esquivar un ualabí, temer quedarse sin gasolina en medio de la nada, obsesionarse con las esculturas gigantes a pie de carretera y pasarlo genial. Solo hay que llenar la nevera portátil, tomar ciertas precauciones en la conducción y ponerse en marcha.

4. De El Cairo a Ciudad del Cabo

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Recorrer África en cualquier medio de transporte es una auténtica odisea: desiertos abrasadores, selvas húmedas y sabanas donde merodean grandes animales. Pero si se hace en bicicleta, el viaje se convierte en una aventura apta solo para muy pocos. No es nada sencillo pedalear 12 000 km por carreteras llenas de baches y caminos impracticables donde los elefantes tienen preferencia. Pero la experiencia es inolvidable: el contacto con la gente será muy directo y los sonidos y los olores del continente nos permitirán saborear la auténtica África. El viaje en bici se puede hacer en unos 4 meses y hay organizaciones que dan el apoyo necesario para hacerlo.

5. Viajar a la Antártida

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Pisar el Polo Sur geográfico es uno de los grandes sueños de muchos aventureros. Incluso hoy, más de un siglo después de que Amundsen alcanzara este hito, el interior de la Antártida es casi inaccesible. Llegar al polo por nuestra cuenta y riesgo es casi imposible, pero se puede, por ejemplo, volar en un avión con esquís hasta la latitud 89º S y deslizarse los últimos 110 km hasta el objetivo. Otra opción es hacer una larga ruta desde los bordes del continente, en equipos organizados para la aventura. En España este tipo de viajes los organizan algunos operadores especializados, como Tierras polares.

6. Visitar el fondo del mar

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Los fondos oceánicos son una meta todavía sin alcanzar por los grandes viajeros. Cada vez hay más gente que asciende a las cumbres del Himalaya pero son muy pocos los que han descendido a los abismos de las fosas del Pacífico. Solo se puede llegar a bordo de un sumergible especial en misión científica y pagando una buena suma de dinero. Más sencillo es visitar algunos de los barcos hundidos en diferentes puntos del planeta, como el Titanic, en unas inmersiones que tampoco son baratas.

7. Asistir a la Iditarod de Alaska

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La Iditarod está considerada como la “última gran carrera” al estilo pionero. Se hizo por primera vez en Alaska en 1973 para promocionar los trineos clásicos tirados por perros frente al auge de las motos de nieve. Hoy es una carrera impresionante que sigue la ruta que abrieron los pioneros de la fiebre del oro, de Anchorage a Nome. Son 1600 km de una dureza extrema, en los que los musher guían a sus perros por la tundra, atravesando puertos de montaña, tormentas de nieve y temperaturas de -70˚C. Solo participan expertos, pero los viajeros pueden verla como espectadores, asistir a la ceremonia inaugural en Anchorage, la partida en Wasilla (65 km al norte) o alquilar una moto de nieve para seguirla. La carrera empieza en Anchorage el primer sábado de marzo y dura entre 9 y 15 días.

8. Dar la vuelta al mundo en barco

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Hay pocas aventuras en el mundo tan atractivas como un viaje dando la vuelta al mundo a la manera de un moderno capitán Cook o un Magallanes (sin tener que vérselas con indígenas hostiles). Ni siquiera se necesita tener barco o ser rico: un título de navegación permite enrolarse en un barco que circunnavegue el mundo rumbo a Tahití, el Caribe o el cabo de Hornos. También hay organizaciones como Crewseekers que ponen en contacto a voluntarios y marinos expertos con barcos, que buscan tripulantes.

9. De Europa a Australia por tierra

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Durante muchos años, el viaje mítico entre los jóvenes europeos con ganas de aventura era recorrer por tierra los 17 000 km que hay aproximadamente entre Europa y el sureste asiático y desde allí dar el salto a Australia. Algunos se quedaban en el sureste asiático, o incluso no pasaban de la India, atrapados por la cultura de este subcontinente. Ahora todo es más fácil y los vuelos son más accesibles, pero es un viaje irrepetible si se hace lentamente, a pie, cruzando las montañas más altas del mundo, incluso lidiando con fronteras problemáticas, malas carreteras, un poco de mar. Si hay tiempo, es mucho mejor darse seis meses para recorrerlo todo, saboreando la experiencia, que llegar en unas horas de vuelo. Eso sí: la información es básica y conviene tener en cuenta la normativa de los visados de los países a visitar.

10. Ascender al Everest, Nepal

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El Everest es el pico más alto del mundo con sus 8850 m, pero no es el más difícil de escalar, a pesar de sus traidores campos de hielo y su “zona de la muerte” (el terreno por encima de los 8000 m, cuando el cuerpo llega al límite). Es muy duro y muy caro, pero con dinero, dedicación y muchísimo entrenamiento, se puede pisar la cima del mundo.  Las expediciones al Everest parten de Lukla (a la que se llega en avión desde Katmandú) y duran unos 70 días; la temporada de escalada es de marzo a mayo. (lonelyplanet.es)

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